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Pensamiento S.XXI

He escrito algo sobre la Guerra Civil Española. Recuerdo cuando tenía 15 años, que engullía unos libritos que se publicaron para concienciar al pueblo español sobre política. Más de treinta años de dictadura franquista habían intentado borrar de la conciencia del público español, a la política. En la transición democrática, antes del golpe de estado simulado del veintitrés de febrero, hecho con el claro motivo de causar miedo y de que las reformas se contuvieran, se publicaron unos libros magníficos, que mi padre había guardado. Aquellos libros hablaban sobre el anarquismo, el marxismo-leninismo, el trotskismo, el concepto de ser de “izquierdas”, el concepto de ser de “derechas”, sobre la base ideológica del fascismo, sobre lo sucedido durante la guerra civil, sobre el socialismo, el liberalismo, la falange, nacionalismos, así como de los distintos partidos y asociaciones políticas que habían formado la reciente historia de España, antes de la prohibición de éstos por parte del dictador Franco.

En segundo de BUP, el mejor profesor que tuve en el instituto, nos había dicho:
La información es poder
Yo había hecho mía aquella frase, y leía cada día el periódico El País que compraban mis padres, y me culturizaba en la historia y las corrientes de pensamiento del S. XX, una asignatura que simplemente, no se daba. Era inexistente en los centros educativos. Lo único que te llegaba, a modo simplista, era que hubieron unos malos muy malos que eran los nazis alemanes, que quisieron sembrar el mundo de caos y destrucción, pero que por suerte, el mundo civilizado se unió, y acabó con la crueldad de los alemanes y de los japoneses. Entonces, las fuerzas vencedoras, los estalinistas y las democracias capitalistas entraron en lo que se conoce como la guerra fría. Después de que la URSS cayese, las “izquierdas” se quedaron sin rumbo, y pareció ser que el capitalismo democrático era la única manera de organizar la sociedad de una forma coherente.

Pero yo leía… y leía… y sigo leyendo…

Me fascinaba lo sucedido durante la guerra civil española. Quizás no ha habido una sola guerra en la historia de la humanidad en donde hayan confluido tantas ideologías distintas. Todas las facciones políticas de la reciente historia de la humanidad se alzaron en armas en suelo español, antes de la última Gran Guerra. Evidentemente, España fue solo un teatro de fuerzas que se peleaban en territorio internacional. Pero allí pasó algo. Un germen que tanto Comunistas-estalinistas como Fascistas-capitalistas machacaron a la primera ocasión. Estoy hablando del anarquismo colectivista. Nunca en la historia reciente de la humanidad, un país desarrollado se había empezado a organizar en forma de cooperativas autogestionadas como lo hizo la Catalunya de la guerra civil. No voy a hacer una apología de aquel anarquismo, pues no soy anarquista – además, los dirigentes anarquistas de aquel periodo se comportaron en realidad y en la práctica como verdaderos fascistas-. Lo que quiero remarcar es que aquel nuevo movimiento arrancó con mucha fuerza en Catalunya, y se encontró rápidamente aplastado entre el comunismo centralizado y autoritario estalinista(o otra forma de fascismo encubierta) y el fascismo-capitalista internacional.

Yo leía y leía, me culturizaba, pero siempre encontraba que faltaba algo en el conocer humano. Y curiosamente, aquel algo era lo más importante de todo conocer humano. El conocer la naturaleza del hombre. Las discusiones sobre política, y como se tenía que organizar la sociedad eran estériles, fútiles, superficiales, si no se tenía en cuenta al hombre como lo que era: un hombre –me refiero a la especie humana en general, hombre y mujer, pues no hay una palabra que aglutine los dos sexos en que se divide la especie humana en sí-.

Éste es el dilema del ser humano en el S. XXI. Una vez el positivismo se ha visto inútil para llevar la felicidad a los hombre y mujeres, desembocando en una crisis mundial –económica, de valores, y de respeto hacia las instituciones en general-, ha llegado el momento de sentarse, y reflexionar sobre lo que estamos haciendo como individuos, cuales son nuestras creencias, si son válidas para nuestro día a día, o son un producto de la educación que hemos recibido, y la gran pregunta: ¿Qué queremos? cobra especial relevancia en el ser humano del momento actual.

Pero claro… como en todo cambio, las antiguas recetas y dogmas… no sirven. Solamente la gente que es capaz de pensar por sí misma tiene alguna idea al respecto…

La revolución de octubre de 1934

En el octubre de 1934 se produce un intento fracasado de revolución obrera en la República Española, como reacción a la derecha reaccionaria que se encuentra en el poder en aquel entonces y a la pérdida de bienestar de las clases trabajadoras. Es un hecho que se tiene que englobar a nivel internacional dentro de la crisis de los treinta, junto a la Gran Depresión de los Estados Unidos, dónde una gran parte de la población del primer mundo estaba sumida en la pobreza y pasaba hambre. Una época difícil que quedó inmortalizada precisamente gracias al escritor estadounidense John Steinbeck con su novela Las uvas de la ira, que explica las peripecias de una familia rural que pierde sus propiedades acosada por las deudas contraídas con los bancos. El hambre y la miseria están presentes en esta genial obra, que nos permite sumergirnos en uno de los episodios mas tristes de la Historia del S.XX, aunque la genialidad del escritor hace que presenciemos también, la voluntad de vivir y de luchar de sus protagonistas, todo envuelto en un halo orgánico de una sutil belleza.

En España, como en toda Europa, las cosas no estaban mucho mejor, y la clase trabajadora había visto bajada sustanciamente sus condiciones de vida.

Sindicalistas, socialistas, comunistas, anarquistas, reformistas, y progresistas en general, estaban en estado de ebullición, con las masas dispuestas a organizarse y a luchar por cambiar su estado de miseria y opresión. En Catalunya, se añade también la defensa de su lengua y su hecho diferencial, pocas veces reconocido por el centralismo del estado Español. Lluis Companys i Jover era el presidente de la Generalitat Catalana, representando a una mayoria catalanista de izquierdas que le habían colocado allí en las urnas. Una mayoría en Catalunya que por aquel entonces chocaba con el gobierno centralista y reaccionario del Estado Español. En medio de una huelga general, Lluis Companys declara unilateralmente el Estado Catalán , inscrito peró, en una República Federal Española. Durante la huelga de octubre del 34, muchos trabajadores en todo el territorio español estaban dispuestos a ejercer la revolución, pero los líderes de las distintas facciones obreras o progresistas no supieron o no quisieron ver la oportunidad de aquella huelga general. Pero hay un hecho que marcaría un antes y un después, sin el cual la cruenta Guerra Civil Española no hubiese tenido razón de ser, y probablemente el alzamiento militar de Franco del 1936 hubiese quedado en un simple golpe de estado. La intentona de revolución separatista de Lluis Companys fracasó por culpa de una pésima organización al mismo día siguiente, siendo la Generalitat rodeada por los militares del ejército, dejando unos cuarenta muertos.

El hecho crucial deviene pero, en Asturias, dónde los sindicatos de los mineros se unen, y alargan la lucha durante semanas. Asaltan las casernas de la Guardia Civil con su dinamita, y consiguen hacerse el control de las fábricas. Entonces pasan a fabricar su propio armamento, que incluye toscos carros de combate blindados, para hacer frente al Ejército Español, comandado precisamente por Franco. Ante la feroz lucha sólo son enviados a primera línia de combate las tropas marroquíes y regulares para luchar contra los mineros. Un hecho también significativo en aquel conflicto bélico que se cobró más de tres mil vidas, es que los dirigentes políticos y sindicales quedaron en clara evidencia huyendo, traicionando a su base una vez empezó la batalla. Pero las causas defendidas tenían más peso que el carisma o la capacidad oratoria de aquellos “líderes”, y los obreros se organizaron de forma espontánea para continuar con la revuelta, incluso haciendo prisioneros a sus anteriores líderes. Al cabo de quince días la revuelta fue sofocada, pero creó el precedente a nivel nacional de la posibilidad de hacer frente incluso al Ejército Español, algo que sin duda llevó a la guerra a la inmensa mayoría de las clases populares de toda España cuando Franco hizo el golpe fascista casi dos años más tarde, hecho que alargaría la Guerra durante tres años.

Lluis Companys, Masonería, y la Guerra en Cataluña

Lluis Companys era masón. ¿Y qué son los masones? Sin duda es una organización que traspasa mis humildes conocimientos sobre la materia, aunque hay unos hechos probados históricamente a los que me quiero referir. La masonería es una sociedad secreta a la que es difícil ponerle una fecha de creación. De seguro que era presente durante la edad media, participando sus maestros en construcciones sofisticadas como catedrales, por toda Europa. Más tarde se le unieron artesanos y burgueses durante la revolución industrial. Su clandestinidad y el hecho de que muchos de sus miembros fueran personajes importantes y poderosos, se hizo clave para transformaciones políticas importantes a nivel mundial como fue la Revolución Francesa del S.XVIII. Ante una monarquía absolutista como la que reinaba en Francia por aquel entonces, la masonería llevaba un claro tinte reformista de la sociedad, defendiendo los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que muestran aún hoy en día la bandera del actual estado francés. Pero conseguidos los ideales de La Ilustración, y el sufragio universal en la esfera pública, la masonería seguiría en clandestinidad y secretismo, siendo ya sus miembros los mismos que ostentaban el poder de facto.

La masonería destaca por el afán de conocimiento, y se dice de ellos que son los actuales guardianes de los misterios del antiguo egipcio. Unos conocimientos místicos y filosóficos que en su tiempo influenciaron a los filósofos de la Antigua Grecia, y más recientemente, en el desarrollo de lo que conocemos como la actual Ciencia. Pues muchos pensadores, artistas y científicos, fueron masones.

En Cataluña nos encontramos con el movimiento cultural de La Renaixença durante el siglo XIX, que se caracteriza a nivel político por la defensa de la lengua y las instituciones catalanas. Un catalanismo que, dada la oposición frontal de monarquías, militares y políticos de ámbito Español, tuvo que funcionar en la clandestinidad. Este hecho es crucial para entender la relación entre la masonería y el catalanismo, dónde se juntaban en Cataluña la voluntad transformadora de la sociedad con la masonería, sirviéndose aquélla de sus estructuras secretas, tal como había sucedido en Francia un siglo antes. Confluyeron en la masonería también otras ideas transformadoras de la sociedad como el marxismo, el anarquismo o el naturalismo, por poner algunas. El talante marcado tanto catalanista como revolucionario de las logias masónicas de Cataluña, que se unieron en el 1886 bajo el nombre de Gran Llotja Simbòlica Regional Catalana-Balear, hizo que su homóloga a nivel Español, el Gran Oriente Español, no la reconociese, incluso aislándola a nivel internacional.

Hasta el fin de la Guerra Civil, las logias catalanas eran un punto de confluencia entre sindicalistas, anarquistas, catalanistas y socialistas. Un hecho que demuestra esa convivencia en Cataluña es el hecho que representantes anarquistas pasasen a llevar cargos públicos a partir del alzamiento fascista de 1936, que se sofocó desde el inicio en Cataluña. Un país que lucharía con fervor en defensa de una España democrática y federal, con Lluis Companys en la cabeza de aquella lucha como representante del gobierno catalán.

Pero como ya se ha explicado en el post sobre la Guerra Civil, Franco recibió todas las ayudas por parte de el fascismo internacional, tanto de Hitler como de Mussolini, mientras las democracias occidentales se quedaban de brazos cruzados. En aquel entonces, el Partido Comunista Español, el representante de la unión soviética de Stalin, tenía muy poca afiliación en territorio Español, eligiendo los trabajadores organizaciones locales más abiertas y no tan autoritarias ni dependientes de Moscú. Pero conforme la Guerra avanzaba, viendo Lluis Companys que sólo Stalin estaba dispuesto a ayudar a la República, se vio obligado a echar a los anarquistas de la CNT que había en su gobierno, para dejar paso a los representantes del PCE o del PSUC. Los anarquistas, pero, no aceptaron el cambio de Companys, y siguieron su lucha, enfrentándose tanto a los fascistas como a los comunistas de Stalin. Agujeros de bala que todavía hoy se pueden ver en la fachada del edificio de la Telefónica en Barcelona atestiguan el enfrentamiento entre anarquistas y stalinistas. Pero resultó ser que Stalin tampoco se comprometió a fondo con la causa Española, desviando sus recursos bélicos hacia China, que entró también en guerra contra Japón. El resultado fue el que todos conocemos: la entrada de Franco en Barcelona, el fusilamiento de Lluis Companys a modo de advertencia a todos los catalanes, y la persecución enfermiza de la masonería por parte del Dictador Español.

La Guerra Civil Española

Hay conflictos bélicos de los que a veces no se tiene en cuenta a nivel internacional toda la trascendencia que tuvieron, y éste és el caso de la Guerra Civil Española. Voy a explicar de manera breve en que consistió, por si hay algún chico joven o alguna persona que no sea originaria de España que lo desconozca. Después de más de ochenta años del alzamiento militar fascista contra una república constituida democráticamente en España, este conflicto armado que fue el preludio a la Segunda Guerra Mundial todavía levanta no pocas pasiones. Se han escrito muchos libros sobre esta guerra, y todavía se escribirán muchos más. Yo no soy historiador de profesión, así que solo quiero esbozar unas trazas de lo que se sabe comúnmente, añadiendo también alguna información personal conseguida directamente de mi familia.

Cataluña és una región al este de la península ibérica que se diferencia de otros territorios porqué habla su lengua, el Catalán, una lengua románica como lo son también el Italiano, el Castellano, el Francés o el Portugués. A finales del S.XIX y principios del XX hubo un movimiento artístico y cultural en Cataluña que se conoció como La Renaixença. De hecho, es un movimiento Romántico que deriva directamente del Romanticismo que ayudó a fundar el poeta alemán Ghoete. ¿Por qué se llamaba aquel movimiento artístico y político lo que se podría traducir como la vuelta a nacer? En parte porque el catalán había estado prohibido desde hacía unos ciento cincuenta años, desde que el rey absolutista Felipe V pudo, después de la guerra de sucesión, entrar dentro de las murallas de Barcelona en el año 1714. La población catalana se vio privada de su lengua en los organismos estatales y de su autogobierno y legislación que ésta había mantenido desde la unión de reinos que devino España poco antes del descubrimiento de América. Pero la lengua perduró en la cultura popular, hasta que encontró el camino propicio para volver a los libros y a la política en La Renaixença. Un movimiento que desemboca en su cúspide en las orgánicas construcciones arquitectónicas de Gaudí que actualmente reciben cada año a millones de turistas internacionales en Barcelona, en el modernismo.

El presidente del gobierno catalán que se pudo reconstituir en la República Española, Lluis Companys, declaró el Estado Catalán en medio de no pocas turbulencias sociales y políticas, casi dos años antes del Alzamiento Fascista que provocó una masacre entre hermanos que hacía mucho tiempo no se veía en territorio ibérico. Un conflicto en el que, como ustedes sabrán, ganó el fascismo, estableciendo una dictadura militar en el territorio español que duraría hasta 1976. El fascismo pero, no estaba solo. Hitler estaba en el poder en Alemania desde 1933, y Mussolini había creado de Italia el primer estado fascista en el 1925. Estados que abiertamente ayudaban a Franco, suministrándole armamento, artillería pesada y aviación en esta sanguinaria contienda. Incluso la Luftwaffe de Hitler bombardeó la ciudad de Guernica, en unas maniobras de entrenamiento en conflicto real del ejército que planeaba la invasión terrestre de toda la Europa Libre. Unas “maniobras” que inmortalizó Picasso en su cuadro que lleva el nombre de la cruelmente arrasada ciudad. Ésto lo sabían los gobiernos de los países más poderosos elegidos democráticamente de Europa: Francia e Inglaterra. ¿Por qué se negaban a ayudar a la España democrática, cuando en el escenario de la Segunda Guerra Mundial habían ya empezado los tiros? Para encontrar la respuesta adecuada, creo que hay que remontarse hasta el final de la Primera Guerra Mundial. En el Tratatado de Versalles que impusieron los aliados a Alemania. Un tratado de paz impuesto por los aliados vencedores que obligaba a Alemania a perder todas sus colonias y muchos de sus territorios en una contienda que se había generado para éso, para el control de las ricas colonias de las potencias europeas. Un tratado en el que además, los vencedores impusieron a la desgastada Alemania pagar los costes de los endeudados gobiernos Francés y Británico. Unos costes que incluso el economista Keynes admitió que era técnicamente imposible que los pagase sólo la población alemana. El obvio e inevitable impago de la deuda que tenían contraída los estados vencedores con los Bancos Privados que habían financiado la guerra que se llevó más de ocho millones de víctimas, generó una crisis de deuda que reventó la burbuja especulativa que corría en los años veinte. El crack de la bolsa del 1929 puso fin a la época de bonanza económica posterior a la Primera Guerra Mundial, precipitando los acontecimientos que hicieron que una Alemania deprimida y humillada internacionalmente, que veía en carnes propias el desastre de la hiperinflación derivada de usar una máquina de imprenta para intentar hacer dinero, viera en Hitler a su héroe salvador.

Así pues, teníamos en 1936 a unas potencias democráticas libres subyugadas todavía por la deuda que contrajeron con los bancos privados para sufragar la sangrienta contienda que conocemos como la Primera Guerra Mundial, que todavía arrastraba como una cadena de presidiario a los gobiernos elegidos democráticamente. Las evidencias luego saltaron por sí solas. Francia e Inglaterra no querían entrar en la guerra porque estaban arruinadas. Sus fracasos militares tan solo empezar la contienda lo demostraron, y hubiesen quedado en manos Nazis, de no ser por la entrada en el conflicto de los Estados Unidos.

Hitler, una vez en el poder declaró nulo el Tratado de Versalles. Nunca pagó los costes de la Primera Guerra Mundial, ayudó a constituir otro estado fascista en el sur de Europa, y comenzó con la anexión de los territorios que antes habían pertenecido a Alemania. Con la invasión de Polonia, los gobiernos Francés y Británico no tenían más excusas que dar a su población y declararon formalmente una guerra que llevaba más de tres años realizándose en Europa.

Una guerra en la que los fascistas imponían a la fuerza sus idearios a una República Española que sólo tuvo la ayuda internacional de unos 10.000 voluntarios de veinticinco países distintos que llegaban a España con el ideal romántico de luchar por la libertad, y se encontraban ante su frustración, con que no había armas con las que hacer frente al enemigo. Mientras por otro lado, la flagrante aviación de Hitler bombardeaba las ciudades. Completó el desaguisado Republicano el hecho de que sólo la Unión Soviética ayudó al Partido Comunista Español, que luchaba en el bando Republicano, con una simbólica ayuda.

Al desatarse la Guerra en España, la barbarie trajo más barbarie, y el caos político que había estado parcialmente controlado los últimos años se transformó en un polvorín donde los ajustes de cuentas y asesinatos estuvieron al orden del día, amparados por el vacío gubernamental. Las tensiones entre clases sociales también aprovecharon el conflicto para tomarse sus venganzas, y cada uno hacía su lucha particular en una guerra que estuvo perdida de antemano. La defensa de la República Democrática se encontró además, con la Revolución Comunista o de socialismo autoritario, y otra de obrera, pero antagónica, la Revolución Anarquista colectivista, que hicieron del territorio ibérico un potpurrí ideológico que dejaba desconcertados a los Brigadistas Internacionales que ya no sabían por que luchaban, como plasma Ken Loach en su film Tierra y Libertad, basado en la experiencia personal de George Orwell.

Así se sucedían los asesinatos de curas en las curvas de La Rabassada, y una alocada Revolución Anarquista de corpúsculos de fanáticos, que llegaban a los pueblos y mataban a los empresarios.

En Cadaqués por ejemplo, llegó un grupo de estos anarquistas que mató a los dueños de la fábrica de conservas de anchoas del pueblecito, y a sus hijos pequeños también.

-Estos anarquistas nos harán perder la guerra. – Decía mi abuelo regularmente durante el conflicto, que no terminó fusilado porqué era médico.

Y lo cierto es que aquellos anarquistas no se dieron cuenta de que las guerras se ganan primeramente de forma mediática, y que ellos estaban realizando la más pésima de las publicidades en beneficio de su causa –la libertad– pues cada vez eran más, los que se pasaban al bando fascista ante tales aberraciones.

El discurso político de Hemingway

Fragmentos del discurso de Ernest Hemingway, Fascism is a lie, publicado por la revista The New Masses en el 1937 con el objetivo de implicar a las democracias occidentales en la ayuda a la República Española:

 El fascismo es una mentira

El problema del escritor no cambia. Él mismo puede cambiar, pero su problema sigue siendo el mismo. Éste siempre es el de cómo escribir verídicamente y, una vez descubierto lo que es verdadero, proyectar esa verdad de tal modo que se convierta en parte integrante de la experiencia del lector.

(…)

Pero el fascismo es incompatible con esta exigencia porque el fascismo es una mentira fabricada por matones. Un escritor que no miente, no puede ni vivir ni trabajar bajo el fascismo. Porque el fascismo es una mentira, está condenado a la esterilidad literaria. Una vez que haya aparecido no tendrá otra historia que la historia sangrienta del asesinato, que le es muy común y que algunos de nosotros hemos contemplado con nuestros ojos en estos últimos meses.

Un escritor, cuando sabe de qué se trata y cómo se hace, crece acostumbrado a la guerra. Es una verdad muy seria que descubres. Es un shock descubrir lo verdaderamente acostumbrado a ella que puedes llegar a estar. Cuando estás en el frente cada día y ves la guerra de trincheras, la guerra abierta, ataques y contraataques, todo cobra sentido, no importa el coste en muertos o heridos. Cuando sabes porque luchan los hombres, y que lo hacen de forma inteligente. Cuando los hombres luchan por la libertad de sus países contra la invasión extranjera y cuando esos hombres son nuestros amigos (algunos desde hace poco, otros desde hace mucho), y cuando uno sabe cómo han sido atacados, cómo han luchado -muchas veces sin armas-, entonces uno aprende, cuando los mira vivir, luchar y morir, que hay cosas que son peores que la guerra. Cobardía es peor, traición es peor, egoísmo es peor. (…)

Yo he dicho que uno se acostumbra a la guerra. Si ustedes se interesan lo suficiente en la ciencia que ella implica (y es una gran ciencia) y a los problemas de la conducta humana frente al peligro, ustedes estarán convencidos que es un sórdido egoísmo considerar únicamente el destino de uno mismo. Nadie se acostumbra a la muerte, no obstante, y a la muerte nosotros la hemos visto cotidianamente durante diecinueve días.

Los estados totalitarios fascistas creen en la guerra total. Esto, explicado de manera sencilla significa que cuando ellos son combatidos por fuerzas armadas, se toman su revancha sobre civiles desarmados. En ésta guerra, desde mediados de noviembre, han sido vencidos en el Parque del Oeste, han sido vencidos en el Pardo, Han sido vencidos en Carabanchel, han sido vencidos en el Jarama, han sido vencidos en Brihuega, y en Córdoba. Y están siendo combatidos en Bilbao. Siempre que son vencidos en el campo de batalla, ellos salvan aquella extraña cosa que llaman honor asesinando civiles.

(…)

Tenemos que realizar que éstos asesinatos son las gestualizaciones de una intimidación, la gran intimidación del fascismo. Sólo hay una manera de reprimir una intimidación, y es enfrentándola. Y la intimidación del fascismo está siendo combatida ahora en España como fue combatido Napoleón en la misma península ciento treinta años atrás. Los gobiernos fascistas lo saben, y se están desesperando.

(…)

Una cosa es bombardear Almería y tomar a traición Málaga, y otra perder setecientas tropas antes de Córdoba y treinta mil  en ineficaces asaltos sobre Madrid. Es una cosa destruir Guernica y otra de diferente, no poder tomar Bilbao.

He hablado ya demasiado. Comencé por señalar la dificultad de escribir bien y sinceramente, y hablé de la recompensa inevitable de quien lo consigue. Pero en una época de guerra -y nosotros estamos ahora en una época de guerra, lo quisiéramos o no- las recompensas están siempre en suspenso. Es muy peligroso escribir la verdad en la guerra y la verdad es también muy peligrosa de obtener. No sé cuantos escritores americanos han fallecido por buscarla. Conozco a muchos hombres del batallón Lincoln. Pero ellos no son escritores. Son sólo escritores de cartas. Muchos escritores británicos han fallecido. Muchos escritores Alemanes han fallecido. Muchos franceses, muchos holandeses. Cuando un hombre busca la verdad en una guerra, puede encontrar la muerte en su lugar. Pero si mueren diez y sólo dos vuelven, la verdad que ellos traigan será la verdad, y no los sucios chismorreos que pasamos como Historia. Como que la verdad conlleva riesgo, los escritores tienen que decidir por ellos mismos. Verdaderamente, es más cómodo pasar su tiempo discutiendo sobre doctrinas. Y siempre habrá nuevas confrontaciones, caídas y maravillosas doctrinas exóticas, y líderes románticos perdidos, para aquellos que no quieran trabajar en lo que ellos profesan que creen, pero sólo para mantener posiciones previamente elegidas que no conlleve riesgo el mantenerlas. Posiciones aguantadas por el mecanógrafo y consolidadas por la pluma de cartuchos. Pero existe ahora, y estará por largo tiempo, guerra para cualquier escritor que quiera estudiarla. Parece, de todas maneras, que llevemos muchos años de guerras no declaradas. Hay muchas maneras en las que los escritores pueden acercarse a ellas. La obligación de un escritor es decir la verdad. Su fidelidad a la verdad debe ser tan profunda que sus creaciones, basadas en su experiencia, produzcan una imagen de la vida más verídica que la vida misma. Sólo hay una forma de gobierno que no puede producir buenos escritores, el fascismo.

Ernest Hemingway

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