Bon Sant Jordi

Schopenhauer dijo que para poder leer lo bueno, hay que aprender a no leer. Cada año las editoriales nos muestran cuáles son los escritores del momento que hay que tener en cuenta, cuál es el último best-seller que tienes que leer para parecer cool y poder manterer conversaciones intelectualoides con tus allegados entre la de Cristiano Ronaldo y la del i-phone 3000. Todo perfecto para esta rueda consumista de ocio de masas que lubrica los roces humanos en nuestras vidas. Ojo pero, si tienes la ambición de una vida que vaya un poco más allá de los clichés publicitarios, porque entonces la frase de Schopenhauer nos cae como una losa encima. ¿Y qué es lo bueno? Ah amigos, está escrito entre líneas. Bukowski por su parte, nos informó de que hay que saber cuando parar de escribir, y he aquí el dilema al que se encuentra cualquiera con aspiraciones en esto de la escritura: el dilema de la profesionalidad. ¿Quieres vivir de la escritura? ¿O quieres vivir para escribir? Si quieres vivir de la escritura, tienes que sacarte la carrera de periodismo o Historia, entrar a trabajar en una editorial importante(grupo mediático poderoso) y empezar a hacer relaciones sociales con quien corta el bacalao. La historia que tengas da igual, porque las editoriales ya tienen “negros” que se encargarán de que salga aceptable. Tú solo tendrás que sonreír ante las cámaras y firmar de vez en cuando, dos cosas indispensables para que tu jefe pueda vender el producto de márketing que acaba de crear. Y seguramente ganarás pasta, fama, saldrás por la tele… Bukowski, que será un borracho, peró también era un tio coherente consigo mismo, se salió del mundo editorial al oler el tufo de los guaperas que pasaban por escritores… Tuvo éxito en avanzada edad, sin quererlo, porque simplemente era bueno, y había vivido lo suficiente.

Recordatorio para Sant Jordi: no leer, no escribir.

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Quim Monzó

Encara no havia après a afeitar-me el bigoti, quan vaig veure per primera vegada els teus tics mentre parlaves amb el gran Mikimoto. A la classe de literatura catalana de l’institut, estaves a la llista d’autors recomanats per a les lectures obligatòries, i vaig elegir un llibre teu, que la veritat, em va deixar bastant indiferent. Relats disconexes dels que era dificil trobar-lis el significat. Ara et dediques a escriure una tira cada dia a La Vanguardia per a que la gent pugui llegir algo amicable entre corrupcions polítiques, guerra a l’orient mitg i la pujada de l’euríbor, que també em sol deixar indiferent, això quan agafo el valor de llegir el panflet de propaganda que és La Vanguardia, que suposo deu pagar bastant bé pels seus serveis. Recent-ment vaig tornar a agafar un llibre teu, Mil Cretins(llibre deixat que no vaig pagar), per intentar revisar les meves opinions sobre “un dels millors escriptors en llengua catalana de l’actualitat”. Amb un parell d’historiètes en vaig tindre prou per a donar-me compte de qui era el cretí que feia cap i cua el títol. En una historieta criticaves als escriptors de novel·la que escrivien i escrivien sense dir res, com si tu amb els teus relats, pel simple fet de ser curts, poguessis transmetre quelcom. Lo més trist del assumpte és que es barreja la política amb la llengua i l’art, en una terra que tots dos coneixem molt bé que es diu Catalunya. Ser la primera generació d’escriptors post-franquistes catalans suposo que era fàcil. La prohibició de l’ús de la llengua havia deixat un buit de quaranta anys, que amb la democràcia s’havia d’omplir com fós. Pero avuí a la teva tira banal m’has informat de que una editorial, per celebrar i promocionar a Ramon Llull, contractaràn un actor que es disfressarà de Llull i signarà llibres a les paradetes de Sant Jordi, i sense voler-ho m’has resolt el meu conflicte amb la perafernalia superficial del màrketing editorial. Jo sempre m’he sentit atret pels autors morts, i per això no entenia quina gràcia te el fet de posseïr un llibre signat. Qui escriu, escriu en el text que conforma l’obra, i això queda per molts anys, per a qui ho pugui apreciar. Ara espero amb ansia el dia que un actor em pugui signar els meus llibres de Hemingway, Joyce, o Conrad…

Antonio y Cleopatra

Personajes históricos de primer nivel, el abandono a un romance imposible justo antes del triumfo del Imperio Romano como poder hegemónico en occidente, el drama de estos dos personajes reales continúa vivo. Shakespeare lo desempolvó en el Renacimiento y lo elevó a la categoría que quince siglos de autoritarismo y oscuridad quisieron arrebatarle; la Tragedia Mitológica.

La Puta, niñata consentida, o Femme Fatal que para muchos significa el nombre de Cleopatra, era en realidad la manifestación de unas creencias místico-religiosas que perduraron milenios en la antiguedad. Unas creencias que unían la cultura egipcia con la griega, y que dieron lugar precisamente a La Tragedia: el origen indiscutible del teatro. Cleopatra se identificaba con la diosa Isis. Resumiendo el mito de Isis-Osiris que fundamenta la mitología egipcia, su hermano Seth teje una conspiración para usurpar el trono, mata a Osiris, y su amada Isis busca los restos de su cuerpo con la intención de resucitarlo. Lo consigue con sigilo, hace el amor con Osiris, y de su unión nace Horus, que pierde el ojo en la lucha contra el malvado Seth en su venganza. Entonces Horus, el hijo de Isis y Osiris, pasa a ser el representante del poder cósmico en la Tierra, y todos los faraones de la época de esplendor de Egipto se identifican a sí mismos con Horus para traer prosperidad, orden y legitimidad a su poder.

Cleopatra, descendiente de la familia griega de los Ptolomeos que reinó en Egipto tras la asimilación de aquellas mitológicas tierras por parte de Alejandro Magno, realizó un paso más y se presentó a sus súbditos nada más y nada menos como la madre de Horus, Isis, que evidentemente, para completar aquella identificación mitológica necesitaba no a otro que al mismísimo Osiris que reinase a su lado con el mismo rango de poder.

Osiris, o Dioniso, el dios del vino griego, es el tutelador de las iniciaciones místicas paganas junto con Deméter, que se identifica también con Isis, la madre Tierra, la deidad femenina primordial. Al igual que Osiris, Dioniso es hecho pedazos y luego recompuesto. Es una metáfora para designar el ciclo muerte-resurrección al que cualquier ser vivo se encuentra atado. Primero le tocó al intrépido Julio César, que tras realizar su golpe de estado y erigirse como emperador, es seducido por Cleopatra e identificado con Osiris-Dioniso en la ceremonia de matrimonio con la reina de Egipto. Termina asesinado a puñaladas en las calles de Roma. Luego le tocó a Marco Antonio, que termina su vida de manera un poco más digna como soldado, en la lucha por el poder en el mediterráneo contra el joven Octavio Augusto, que se impone bélicamente a la pareja Cleopatra-Marco Antonio. Cleopatra decide también acabar con su vida, pero no de cualquier forma. Recoge el símbolo de la serpiente ligado desde los primeros tiempos a El Conocimiento, asociado también a la diosa Isis, pasando al otro mundo tras la mordedura de una cobra.

Así pues, Cleopatra y Marco Antonio abandonan el mundo terrenal dejando un huella imborrable, envueltos en el misterio, la pasión, y el amor que perdura a lo largo de milenios. Misterios como el destino de uno de sus hijos, Helios Alejandro, que a diferencia de su hermana Selene que fue usada por Octavio en sus intereses públicos, desapareció de todo registro oficial. Los tiempos venideros consagrarían la analogía Selene-Helios, o Luna-Sol como la oposición de los complementarios místicos, de la misma manera que Isis-Osiris; los títulos que llegaron a ostentar Cleopatra y Marco Antonio.

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Los mundos mentales

En mi otro blog de filosofía teoricé sobre las dimensiones quinta y/o superiores, exponiendo el estado de las distintas ciencias que topan con innombrables interrogantes y conjeturas. Desde los últimos avances en la física pasando por la psicología, y sin perder la forma de expresión artística, queda demostrado que hay algo que a la racionalidad científica se le escapa por los poros del lenguaje. Intuición, leer entre líneas, emociones diversas… no pueden ser descritas a modo de manual de intrucciones o mediante cálculos matemáticos. En un Universo dinámico no interesa lo que es, sino cómo se mueve, se manifiesta, o desarrolla. El arte visual, la poesía, pueden darnos mejor información sobre las otras dimensiones que el pensamiento racional.

La matriz, el concepto de William Gibson que se popularizó con la conocida saga de películas Matrix, es un ejemplo. Aunque la película vuelve al materialismo, en la idea original del libro se evidencia que el campo de información virtual es una metáfora para designar Esto: las dimensiones superiores. Es nada más y nada menos que el inconsciente colectivo de Jung, el mundo de las ideas de Platón, el mundo de los dioses y los espíritus, al cual se puede llegar en forma de atajo usando drogas psicodélicas, como todas las culturas primitivas de la humanidad conocían. En los años sesenta y setenta surgió el boom de los psicodélicos, que impactaron en las nuevas generaciones de músicos y escritores. Todos conocemos la explosión del rock psicodélico de Jimi Hendrix, pero la literatura también se había pringado en aquel camino, aunque sus frutos no llegaron hasta más tarde. He hablado a menudo sobre Philip K. Dick, pero no había comentado hasta el momento sus experiencias psicodélicas. Philip K. Dick, el genio, llevado a la gran pantalla por los mejores cineastas, directores y actores de cine, tomaba LSD. ¿Y por qué anoto esto? En el fondo da igual la vida privada de los artistas, lo que nos interesa es su legado artístico. Pero en este caso están muy ligadas las dos facetas del escritor de ciencia ficción, pues llegó a afirmar cosas como la siguiente:

Yo no escribo el libro. Hay cosas que escriben por mí.

Pero como muchos en la edad de la inocencia de las drogas, terminó mal. Tomarse psicodélicos a la ligera o como recreación puede provocar un choque que desbarate la integridad mental del individuo. Es conocida también la historia de la denúncia al FBI porque decía que recibía visitas de unos “terroristas” en su casa que querían que introdujese ciertas cosas en sus libros como señales para comunicarse con terceros(hay que leer El Hombre en el Castillo para entender de qué hablo). Él mismo ingresó por su voluntad en un hospital mental, y falleció antes de poder ver la increíble adaptación al cine de Blade Runner.

Y es que.. ¿qué pasa cuando investigamos o experimentamos con los lejanos recovecos de nuestra mente? Muchos no se atreven. Prefieren abandonarse a religiones que desalientan el autoconocimiento como el cristianismo o el judaísmo por un lado, o al racionalismo científico por el otro. Porque como en los pasos importantes en la vida, se necesita valor. De momento voy a terminar con una apreciación del psicólogo Jung: el peligro de adentrarse en los mundos mentales es el de identificarse demasiado con nuestro arquetipo dominante o yo superior. El problema deviene cuando no podemos “volver” al mundo terrenal.

Todo es una cuestión de tempo. Podemos experimentar los mundos mentales, tomar una droga de vez en cuando, pero luego hay que tener claro que aquellos mundos son tan solo una parte de la realidad, que se compone también de la parte física, nuestro cuerpo, con las necesidades básicas de alimentación, hogar y sociabilidad.

 

 

 

 

 

La hurtadora de almas

Tomi nos inició a los juegos de rol con El Señor de los Anillos. Las horas del mediodía en colegio passaban rápido haciendo las fichas de los personajes. El master te guiaba en el proceso de creación de tu personaje, y tú lo ibas amoldando según tu criterio. A mí me gustaba ser mago: ser capaz de dominar las fuerzas misteriosas de la naturaleza a mi elección. Todos nos compramos un juego distinto para turnarnos en la tarea de master. Yo me compré Rune Quest, también de fantasía, Noel Pendragón, ambientado en la leyenda del Rey Arturo, Marc se compró Paranoia, un juego futurista en donde utilizas clones de ti mismo, y Xavi se compró Stormbringer, ambientado en leyendas paganas, en el multiverso creado por el escritor Michael Moorcock.
—¿Ya te has leído el libro? —preguntó Tomi decepcionado a Xavi.
—No, pero me he leído El Señor de los Anillos.
—Y a mí qué, que te hayas leído El Señor de los Anillos. ¡Si no te lees tu juego de rol no podremos jugar a Stormbringer! —Atronó Tomi con inquietud.
—Me lo puedo empezar a leer yo —comenté—. ¿Me lo dejas, Xavi?
—Vale. Mañana lo traigo.

Empezé a leer, y ante mi asombro descubrí que en el multiverso de Stormbringer no existía la separación entre el bien y el mal, sino tan solo la lucha entre el orden y el caos. Una lucha que ninguno de los dos podía ganar, pues significaría la destrucción de todos los planos de existencia. La base filosófica subyacente consistía en mantener el equilibrio entre las dos fuerzas.

¿Cómo podía ser esto? Yo me había leído El Señor de los Anillos, y como todo el mundo sabe, trata de la lucha agónica para derrotar las fuerzas del mal, representado en el fantasma maligno de Sauron. En aquellas leyendas paganas de Stormbringer no interesaba aquella lucha, sino que se prefería un equilibrio saludable. ¿Por qué? Es mejor luchar y derrotar al mal, ¿no? ¡Esta es la historia normal de cualquier película! ¿Cómo podía ser que la base de aquel juego fuese una especie de pacto o equilibrio pacífico con el mal?

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Michael Moorcock, The Stealer of Souls:

Se detuvieron para tomar un pequeño descanso, mientras Elric escogía de entre las muestras que había recolectado de árboles y plantas. Cuidadosamente las guardó en la bolsa de su cinturón, pero no dijo nada del porqué a Moonglum.
—Ven —dijo—. Los misterios de Troos nos aguardan.
Pero entonces, una nueva voz, de mujer, dijo suavemente desde la bruma:
—Guardaros de la excursión para otro día, desconocidos.
Elric sujetó las riendas de su caballo, una mano en la empuñadura de Stormbringer. La voz había ejercido un efecto inusual en él. Había sido débil, profunda, y por un momento incrementó los latidos en su garganta. Sin razón aparente, sintió que afrontaba uno de los caminos del destino, pero hacia dónde el camino lo llevaba, no lo sabía. Rápidamente, controló su mente y luego su cuerpo, y observó a través de las sombras desde donde la voz había llegado.
—Es muy amable de ofrecernos consejo, señora —dijo firmemente—. Venga, muéstrese y denos una explicación…
Ella cabalgó entonces, muy lentamente, en una montura negra que trotaba con una fuerza que a duras penas ella podía contener. Moonglum dibujó un bufido apreciativo, pues aún con pose desafiante, ella era increíblemente bella. Su rostro y vestimenta eran patricios, sus ojos eran grises-verdes, combinando enigma e inocencia. Ella era muy joven. Por su obvia feminidad y belleza, Moonglum le echó diecisiete o pocos años más.
Elric la miró con un rostro de preocupación:
—¿Cabalgas sola?
—Por el momento sí —ella contestó, intentando esconder su sorpresa ante el color del albino—. Necesito ayuda, protección. Hombres que me escolten hasta Karlaak. Allí, serán pagados.
—¿Karlaak, por la Llanura Lacrimosa? Está al otro extremo de Ilmiora, a cien leguas y a una semana viajando velozmente. —Elric no esperó la réplica a su juicio. —No somos jornaleros, señora.
—Entonces estáis ligados a los juramentos de la caballería, señor, y no podéis declinar mi requerimiento.
Elric rió escuetamente.
—¿Caballería, señora? Nosotros no venimos de las jóvenes naciones sureñas con sus extraños códigos y leyes de comportamiento. Nosotros somos nobles de antiguo linaje cuyas acciones son gobernadas por nuestros propios deseos. No pediría tal y como lo hace, si supiera nuestros nombres.
Ella mojó enteramente sus labios con la lengua y dijo tímidamente:
—¿Usted es…?
—Elric de Melniboné, señora, llamado Matamujeres en el Oeste, y éste es Moonglum de Elwher; vacío de cualquier conciencia moral.
Ella dijo:
—Hay leyendas… el saqueador de rostro blanco, el brujo infernal con una empuñadura que bebe las almas de los hombres…
—Sí, esto es cierto. Y aunque se hayan magnificado con el uso, no pueden desvirtuar, estas historias, las oscuras verdades que residen en su origen. Ahora, señora, ¿todavía requiere nuestra ayuda? —La voz de Elric era gentil, sin amenazas, al percatarse él de que ella estaba aterrada, aún así pudiendo controlar los signos que delataban el miedo, y sus labios permanecían prietos con determinación.
—No tengo opción. Estoy a su disposición. Mi padre, el senador de Karlaak, es un hombre muy rico. Karlaak es conocido como La Ciudad de las Torres de Jade, como sabrás, y sus preciados jades y ámbares que poseemos. Muchos podrían ser vuestros.
—Vaya con cuidado, señora, no sea que me enfade —avisó Elric, a pesar de que los ojos de Moonglum se iluminaron de avaricia—. No somos camorristas que esperan a ser contratados. A pesar de todo —él sonrió con desdén— Soy de la caída Imrryr, La Ciudad Soñadora, de la Isla del Dragón, origen del Antiguo Melniboné, y yo sé qué es de verdad, la belleza. Tus baratijas no pueden tentar a uno que ha admirado el Corazón Lechoso de Arioch, la cegadora iridiscencia que emana del Trono de Rubíes, de los lánguidos e innarrables colores en la Piedra Actoria del Anillo de Reyes. Éstas son más que joyas, señora. Contienen la esencia de la vida en el Universo.
—Pido perdón, señor Elric, y a ti, señor Moonglum.
Elric rió, casi con simpatía.
—Somos jugadores siniestros, señora, pero los Dioses de la Suerte ayudaron en nuestra huída de Nadsokor y les debemos un favor. La escoltaremos hasta Karlaak, La Ciudad de las Torres de Jade, y exploraremos el bosque en otro momento.
Ella dio las gracias conteniendo la mirada.
—Y ahora que nosotros nos hemos presentado —dijo Elric—, quizás sería usted tan cordial como para decir su nombre y contarnos su historia.
—Soy Zarzonia de Karlaak, hija de Voashon, el clan más poderoso en el Sud-Este de Ilmiora. Tenemos parientes en las ciudades mercantes de las costas de Pikarayd y fui con mis dos primos y mi tío a visitarlos.
—Un viaje peligroso, Lady Zarzonia.
—Sí, y no tan solo se encuentran peligros naturales, señor. Hace dos semanas nos despedimos y empezamos el viaje de vuelta a nuestras casas. Cruzamos a salvo los Estrechos de Vilmir y allí contratamos hombres armados, formando una fuerte caravana para dirigirnos hacia Ilmiora. Evitamos Nadsokor, pues escuchamos que la Ciudad de los Mendigos no es hospitalaria a los viajeros honestos…
Aquí, Elric sonrió.
—Y a veces tampoco a los viajeros deshonestos, tal y como lo comprobamos.
Otra vez, la expresión en el rostro de ella mostraba cierta dificultad en encajar el obvio buen humor de Elric con su maligna reputación.
—Habiendo bordeado Nadsokor —continuó ella—. Llegamos a este camino y alcanzamos los bordes de Org, en donde evidentemente, reside Troos. Viajamos con mucha prudencia, sabiendo de la oscura reputación de Org, a través de los márgenes del bosque. Entonces fuimos emboscados y nuestros hombres armados desertaron.
—¿Emboscados, eh? —Interrumpió Moonglum—. ¿Por quién, señora, lo sabe?
—Por su mal aspecto parecían nativos. Cayeron sobre la caravana y mi tío y primos lucharon valientemente, pero fueron asesinados. Uno de mis primos golpeó la grupa de mi caballo y lo envió galopando de manera que yo no pudiera controlarlo. Oí… chillidos terribles, risas locas, y cuando al fin pude detener mi caballo, estaba perdida. Luego oí que ustedes se acercaban y esperé con miedo a que pasaran, pensando que también eran de Org, pero al oír sus acentos y su manera de hablar, pensé que quizás me ayudarían.
—Y debemos ayudarla, señora —dijo Moonglum realizando una galante reverencia desde la silla—. Y estoy en deuda con usted por convencer a Lord Elric aquí de sus requerimientos. Pero desde luego debemos encontrarnos en lo profundo de este asqueroso bosque, y experimentaremos extraños terrores, no tengo dudas. Yo ofrezco mi dolor por sus parientes muertos y le aseguro que será protegida desde este momento por más que dos espadas y dos intrépidos corazones, pues podemos invocar conjuros también si fuese necesario.
—Esperemos no necesitarlos —frunció Elric—. Hablas alegremente de la hechicería, amigo Moonglum. Tú, que odias el arte.
Moonglum sonrió abiertamente.
—Estaba consolando a la joven doncella, Elric. Y ya he tenido ocasión de agradecer tus horribles poderes, lo admito. Ahora sugiero que montemos un campamento para pasar la noche y así estaremos frescos al despuntar el alba.
—Estoy de acuerdo en esto —dijo Elric, observando casi con vergüenza a la chica. Otra vez sintió el pulso en su garganta, y esta vez encontró mayor dificultad en controlarlo.
La chica también parecía fascinada por el albino. Había una atracción entre los dos que podría ser suficientemente grande como para echar sus destinos salvajemente en direcciones distintas a las que cualquiera de los dos podría haber imaginado. La noche llegó rápidamente, pues los días eran cortos en aquellas latitudes. Mientras Moonglum encendía el fuego, observando nerviosamente a su alrededor, Zarozinja, su brillante y abundantemente brodado vestido de oro resplandeciendo con el reflejo del fuego, caminó grácilmente hacia donde Elric yacía ordenando las hierbas que acababa de recolectar. Ella lo miró cautamente, y al darse cuenta que él estaba absorto en su tarea, lo escrutó con aire de curiosidad. Él levantó la vista y sonrió vagamente, sus ojos por primera vez desprotegidos, su extraño rostro franco y agradable.
—Algunas de éstas son hierbas curativas —dijo— otras se usan para invocar espíritus. Algunas de ellas traen una fuerza sobrenatural a quien las toma y otras vuelven locos a los hombres. Me serán útiles.
Ella se sentó a su lado, sus manos con finos dedos empujando hacia atrás su negra cabellera. Sus pequeños pechos subieron y bajaron rápidamente.
—¿Eres de verdad el terrible portador de maldad de las leyendas, Lord Elric? Me cuesta creerlo.
—He traído la maldad a muchos lugares —dijo él—. Pero normalmente allí ya existía maldad que igualaba la mía. No busco excusas, pues sé qué soy, y sé lo que he hice. He matado hechiceros malignos y destruido a opresores, pero también soy responsable de asesinar hombres inocentes y una mujer, mi prima, a quien amaba, la maté. O mi espada lo hizo.
—¿Y eres dueño de tu espada?
—A menudo me lo pregunto. Sin ella estoy desamparado. —Él colocó su mano alrededor de la empuñadura de Stormbringer—. Debería de estar agradecido a ella. —Otra vez sus ojos rojos parecieron tornarse profundos, protegiendo alguna amarga emoción enraizada en el centro de su alma.
—Lo siento si te hecho revivir desagradables recuerdos.
—No lo sientas, Lady Zarozinia. El dolor lo llevo conmigo. No fuiste tú quien lo colocó allí. De hecho, diría que lo aligeras enormemente con tu presencia.
A medias sobresaltada, ella lo miró y sonrió.
—No soy una fresca, señor, pero…
Él se levantó rápidamente.
—Moonglum, ¿está bien el fuego?
—Sí, Elric. Aguantará toda la noche. —Moonglum inclinó la cabeza hacia un lado. No era habitual en Elric hacer preguntas banales, pero Elric no dijo nada más, así que se encogió de hombros y se volvió para acechar el otro lado.
Al no encontrar nada más que decir, Elric se giró y dijo tranquilamente, urgentemente:
—Soy un asesino y un ladrón, no soy para…
—Lord Elric, yo soy…
—Estás encaprichada por una leyenda, esto es todo.
—¡No! Si sientes lo que yo siento, entonces sabrás que es algo más.
—Eres joven.
—Soy suficientemente mayor.
—Ten cuidado. He de alcanzar mi destino.
—¿Tu destino?
—No es destino para nada, tan solo una cosa horrible llamada maldición. Y no tengo compasión excepto cuando veo algo en mi propia alma. Entonces tengo compasión, y me compadezco. Pero odio mirar y esto es parte de este destino amargo que me gobierna. No es el Hado, no son las Estrellas, tampoco los Hombres ni los Demonios, ni los Dioses. Mírame, Zarozinia. Es Elric, pobre blanco elegido como juguete por los Dioses del Tiempo. Elric de Melniboné, quien causa su propia y lenta destrucción.
—¡Esto es suicidio!
—Sí. Camino hacia una muerte lenta. Y aquellos que me acompañan sufren también.
—Hablas falsamente, Lord Elric. Desde la culpabilidad y la locura.
—Porque soy culpable, señorita.
—¿Y el señor Moonglum también está condenado a tu espantoso destino?
—Él no es como los demás. Él es indestructible en su propia confianza.
—Yo también confío en mí misma, Lord Elric.
—Pero tu confianza es la de la juventud. Es distinta.
—¿Tengo que perderla entonces, junto a mi juventud?
—Eres fuerte. Eres como nosotros. Esto te lo garantizo.
Ella extendió sus brazos abiertos.
—Entonces reconcíliate, Elric de Melniboné.
Y él lo fue. Se apoderó de ella, besándola con una necesidad más profunda que la de la pasión. Por primera vez, Cymoril de Imrryr fue olvidada mientras yacían los dos sobre la suave turba, sin tener en cuenta a Moonglum, quien afilaba su espada curva con una lasciva celosía.
Durmieron todos y el fuego se desvaneció.

 

¿Por qué las editoriales no quisieron publicar La Conjura de los Necios?

La Conjura de los Necios es la obra maestra del escritor estadounidense John Kennedy Toole. En este post voy a realizar un análisis de las delicadas circunstancias que rodearon al escritor y su obra. No pretendo hacer un repaso enciclopédico del asunto. Para esto está la wikipedia con un artículo detallado con su vida y obra.

En este post voy a interpretar los hechos conocidos, y a dar mi opinión de lo que ocurrió entre bambalinas, aquello que difícilmente se puede probar por artículos en la prensa o por el testimonio de otras personas implicadas en el caso.

Para quien no conozca nada del autor y su obra, solo hay que decir lo siguiente: al finalizar su obra maestra, no encontró ninguna editorial que estuviese dispuesta a publicarla, y terminó suicidándose tras un periodo de depresión y crisis personal. Doce años más tarde, su madre consigue al fin que un pequeño editor la publique, e inmediatamente obtiene un éxito abrumador.

La Conjura de los Necios se escribe en los años sesenta en Estados Unidos. Al finalizar la segunda guerra mundial, se disputan el control del globo terráqueo la URSS y América del Norte en el periodo conocido como la Guerra Fría. Estados Unidos, aún defendiendo el principio de libertad de expresión y de prensa que lo diferencia teóricamente del modelo Stalinista de la URSS, empieza la caza de brujas a los artistas llamados comunistas por considerarlos antipatriotas(ver macarthismo en la wikipedia). Evidentemente, este proceso en la práctica se usa para silenciar las voces que van en contra de la mentalidad tradicional y puritana de los Estados Unidos. Ahora vamos a ver qué nos encontramos en La Conjura de los Necios:

En clave de humor, nos encontramos con un personaje detestable(Ignatius), que emprende una cruzada personal y alocada para cambiar la sociedad, la que él considera que se ha pervertido y navega en un insoportable nihilismo.

Bien. Está en clave de humor, y el lector se ríe de las bobadas de Ignatius, de sus visiones kafkianas, y de su loca cruzada. Pero la interacción con los distintos personajes en la trama nos muestra, usando personajes altamente estereotipados y identificables en nuestra sociedad, que aquí el único loco no es Ignatius. Vamos a realizar un respaso a los personajes con más carga simbólica:

Myrna Minkoff: Expareja de Ignatius, su media naranja, es una joven idealista de buena familia con contactos en el mundo del arte y la cultura, de tendencia ideológica hippie.

Gus Levy: Hereda una fabrica de pantalones, pero todavía no ha solucionado sus conflictos con su padre, lo que le provoca una aversión incontrolable el hecho de ejercer de forma responsable la dirección de la fábrica. Entonces la abandona a una serie de personajes cual más estrambótico y patético.

Sra. Levy: Mujer de Gus Levy. Ama de casa de la alta sociedad que se distrae haciendo cursos por correspondencia del psicoanális de Freud. El matrimonio no se traga mutuamente, y sus discusiones al amparo de las teorías freudianas son de lo más ácido y contundente de la novela. La Mujer entrometida que se piensa que lo sabe todo por el simple hecho de haber estudiado Freud queda retratada, al igual que la nueva religión que deviene el psicoanálisis. Sus hijas se largan de casa a la mínima ocasión.

Claude Robichaux: viudo que corteja la madre de Ignatius, pero ella es muy tímida y tiene la autoestima por los suelos por culpa de las locuras estrafalarias de su hijo. La amiga de la madre de Ignatius hace de alcahueta. El viudo tiene una buena pensión de la empresa pública de los ferrocarriles, argumento que usa la alcahueta(Santa) para emparejarlo con la madre de Ignatius. Es el típico hombre tradicional y patriota que es convencido por el macarthismo en la lucha contra el comunismo. La ácida ironía radica en que él se beneficia de una abultada pensión de una gran empresa estatal.

Lana Lee: lleva un negocio(léase prostíbulo), y vende fotografías eróticas de ella misma en la salida de los colegios.

Darlene: Puta barata que aspira a tener clase, pero ella es un poco corta y Lana le tiene que bajar sus aires de grandeza y explicarle cuatro cosas sobre el erotismo femenino.

Y me dejo muchos personajes secundarios aunque igualmente hilarantes y significativos, pero tengo que dejar algo para incentivaros a leer la novela, amigos 😉

Pero con esta breve pincelada tenemos la instantánea de la magnitud subversiva de la obra, algo que las editoriales con el miedo al macarthismo no se atrevieron a publicar, ni hasta doce años después de la muerte del autor.

¿Pero alguien se piensa que el espíritu de John Kennedy Toole murió con él?

¿Quién manda en los grupos mediáticos?

El sistema de libre mercado deja de existir cuando se crea un monopolio. Una de las tareas del gobierno que dice defender el libre mercado es la legislación y la defensa de una competencia real. Pactar precios, hacer holdings empresariales que controlen la mayoría del mercado es una manera de eliminar la libre competencia perjudicando al consumidor, que deja de poder elegir entre distintos productos o servicios según su criterio. El negocio de la información y la cultura es un sector estratégico para cualquier poder. Y con la crisis se ha evidenciado públicamente que los grandes grupos mediáticos y editoriales dependen de los bancos. Si enciendes la televisión o compras un Best Seller al uso, nunca te vas a encontrar con una crítica bien construida al sistema financiero actual. De hecho, el poder de la banca es tan grande, que ni estudiando la carrera de Ciencias Económicas podrás acceder a una crítica seria o al estudio de alternativas al sistema de Bancos Centrales y Reserva Fraccionaria.

http://www.elconfidencial.com/empresas/2014-04-22/faine-y-botin-exigen-a-lara-vender-activos-del-grupo-planeta-por-su-elevada-deuda_119143/

http://www.larazon.es/detalle_hemeroteca/noticias/LA_RAZON_370009/9992-vocento-dispara-su-deuda-hasta-120-millones-y-aumenta-sus-perdidas#.Ttt1CrmRtSMH6sg

http://www.lanacion.com.ar/1646950-prisa-la-editora-de-el-pais-renegocio-su-deuda-y-preve-vender-activos-en-television

Relato Cristo sobre patines de Charles Bukowski:

(…)
   —Entra —dijo Mason. Era Monster Chonjacki, barbudo, dos metros veinte de altura y 180 kilos. Chonjacki apestaba. Empezó a llover. Se podía oír un camión de carga pasando por debajo la ventana. Eran realmente 24 camiones yendo hacia el Norte. Chonjacki seguía apestando. Era la estrella de los Yellowjacketts, uno de los mejores patinadores a ambos lados del Mississippi, a 25 metros a cada lado.
   —Siéntate —dijo Mason.
   —No hay sillas —dijo Chonjacki.
   —Déjale la silla, Cliff.
   El vicepresidente se levantó lentamente, dando toda la impresión de un hombre que va a tirarse un pedo, no lo hizo y fue a apoyarse contra la gruesa ventana amarilla, observando a la lluvia golpear en el cristal. Chonjacki se sentó, bajó la cabeza, cogió y se encendió un Pall Mall. Sin filtro. Mason se inclinó por encima del escritorio.
   —Eres un ignorante hijo de puta.
   —¡Eh, espere un momento!
   —¿Quieres ser un héroe, eh, hijito? Te excitas cuando niñitas sin un solo pelo en sus coños corean tu nombre?
(…)
   —Esto, nene, es un negocio, no un deporte. No creemos en gente que haga daño. ¿Me explico bien?
   Chonjacki estaba allí sentado, escuchando la lluvia. Se preguntaba si su coche iba a arrancar. Siempre tenía problemas para arrancar su coche en días de lluvia. De todos modos, era un buen coche.
   —Te he preguntado, nene, si me he expresado bien.
   —Oh, sí, sí…
   —Dos costillas partidas. Dos de las costillas de Sonny Wellborne partidas. Es nuestro mejor jugador.
   —¡Espere! Él juega para los Vultures. ¿Cómo puede ser nuestro mejor jugador? Wellborne juega para los Vultures.
   —¡Gilipollas! ¡Nosotros llevamos a los Vultures!
   —¿Que llevan a los Vultures?
   —Sí, lameculos. Y a los Angels y a los Coyotes y a los Cannibals, y a cualquier otro maldito equipo de la Liga, son todos de nuestra propiedad, todos esos chicos…
   —Cristo…
   —¡No, Cristo no; Cristo no tiene nada que ver con esto! Pero, espera, me has dado un idea, idiota.
   Mason se dirigió hacia Underwood, que seguía mirando la lluvia por la ventana.
   —Es algo que hay que pensar —le dijo.
   —Uh —dijo Underwood.
   —Deja de pensar en tu polla, Cliff, Piensa en esto.
   —¿En qué?
   —Cristo en patines. Tiene posibilidades ilimitadas.
   —Sí. Sí. Podemos enfrentarle con el diablo.
   —Eso es bueno. Sí, el diablo.
   —Podemos incluso hacer algo con la Cruz.
   —¿La Cruz? No, ya hay bastante tomate.
   Mason se volvió hacia Chonjacki. Chonjacki seguía allí. Se sorprendió de verle. Si se hubiera encontrado con un mono allí sentado, se hubiera sorprendido menos. Mason había visto muchas cosas. Pero no era un mono, era Chonjacki. Deber, deber… todo por el alquiler, un pedazo ocasional de culo y un entierro en el campo. Los perros tienen pulgas, y los hombres problemas.
   —Chonjacki —dijo—, por favor, déjame que te explique algo. ¿Me escuchas? ¿Eres capaz de escuchar?
   —Estoy escuchando.
   —Esto es un negocio. Trabajamos cinco noches a la semana. Salimos en televisión. Alimentamos familias. Pagamos impuestos. Votamos. Compramos papeletas de los jodidos policías como cualquier otro. Sufrimos dolor de muelas, insomnio, enfermedades venéreas. Nos gusta celebrar la Navidad y el Año Nuevo como todo el mundo. ¿Entiendes?
   —Sí.
   —Incluso, a veces, nos deprimimos. Somos humanos. Yo incluso, a veces me deprimo. Algunas veces me siento como si llorara en medio de la noche. Tan cierto como el infierno que me sentí llorar la pasada noche cuando le rompiste dos costillas a Wellborn…
   —¡Me estaba puteando, señor Mason!
   —Chonjacki, Wellborn no tocaría un pelo del codo izquierdo de tu abuela. Él lee a Sócrates, Robert Duncan y W.H. Auden. Ha estado en la Liga cinco años y no ha causado el suficiente daño físico para molestar siquiera a una vieja beata…
   —Me estaba atacando, me acosaba, me estaba gritando…
   —Oh, Cristo —dijo Mason, dulcemente. Puso su puro en el cenicero—. Hijo, no te lo he dicho. Somos una familia, una gran familia. No nos hacemos daño entre nosotros. Nos hemos conseguido la mejor audiencia subnormal de todos los deportes. Hemos reunido a la mayor masa de idiotas vivos que nos meten el dinero directamente en nuestros bolsillos. ¿Te das cuenta? Hemos sacado al clásico idiota de la lucha profesional, de Me gusta Lucy, y de George Putnam. Lo tenemos en nuestra manos, y no creemos en cualquier intento de maldad o violencia por parte de nuestros chicos. ¿Cierto, Cliff?
   —Cierto —dijo Underwood.
(…)
   —Ahora, mira, chico, aquí tenemos una regla general, que es… ¿Estás Escuchando?
   —Sí.
   —…que es: Cuando alguien en la Liga hace daño a otro jugador, queda fuera del juego, fuera de la Liga; de hecho, desaparece como jugador, entra en la lista negra de cualquier torneo en América. Y puede que en Rusia y China y Polonia también. ¿Te metes esto en la cabeza?
   —Sí.
   —Ahora vamos a dejarte pasar esto porque hemos gastado mucho tiempo y dinero en fabricarte. Eres el Mark Spitz de nuestra Liga, pero podemos barrerte igual que ellos pueden barrerle a él, si no haces exactamente lo que te digamos.
   —Sí, señor.
   —Pero eso no quiere decir que te tumbes de espaldas. Tienes que actuar violentamente sin ser violento. ¿Te enteras? El truco del espejo, el conejo fuera del sombrero, el túnel lleno de boloña. Les encanta ser engañados. No saben la verdad, pero tampoco quieren saberla, les hace sentirse desgraciados. Nosotros les hacemos felices. Y conducimos coches nuevos y mandamos a nuestros hijos al colegio. ¿Cierto?
   —Cierto.
   —Está bien, lárgate echando leches de aquí.
   Chonjacki se dispuso a marcharse.
   —Y, chico…
   —¿Sí?
   —Date un baño de vez en cuando.
   —¿Qué?
   —Bueno, a lo mejor no es de eso. ¿Usas suficiente papel higiénico cuando te limpias el culo?
   —No sé. ¿Cuánto es suficiente?
   —¿No te lo dijo nunca tu madre?
   —¿El qué?
   —Te limpias hasta que no veas más mierda.
   Chonjacki se quedó allí de pie, mirándole.
   —De acuerdo, puedes irte ahora. Y, por favor, recuerda todo lo que te he dicho.
(…)

Bukowski, El Sur de ningún Norte, 1973

 

Estilos narrativos

Los tipos de narración que más abundan son: narrador omnipresente en tercera persona(como si fuera Dios), y narrador en primera persona que explica sus vivencias.

El narrador que todo lo sabe… ¿cómo lo sabe todo? La escritura llamada realista normalmente adopta la primera persona: el narrador explica sus vivencias personales, sus pensamientos, sus sensaciones, ya sean realidad o fruto de su imaginación.

Para escribir de manera realista y trabajar la psicología de varios personajes además de las acciones observables desde el exterior, el escritor tiene que realizar el esfuerzo de salirse de un solo cuerpo para así poder entrar en la mente de muchos, alternando de este modo hechos con pensamientos. En mi primera novela usé un enfoque narrativo múltiple junto a monólogos interiores, separando las distintas perspectivas por capítulos.

Hay momentos en que el narrador omnipresente en tercera persona se funde con los pensamientos de los distintos personajes creando cierta ambiguedad en el estilo narrativo siguiendo con respeto y admiración la senda iniciada por los maestros Hemingway o Joyce. Entonces son los propios personajes que explican la historia. La técnica estilística resultante de dicho ejercicio deviene de esta manera una metáfora para expresar que no existe un ente superior omnipotente, sino tan solo múltiples individuos con ambiciones, deseos, miedos… que se relacionan en el juego de la vida, y la historia no es nada más que el rastro que han dejado en su interacción: filosofía en la literatura, pues según Shakespeare, la vida es un teatro.

Shakespeare, La tragedia de Julio Cesar: Casius hablando a Brutus(Acto 1, escena 2):

Los hombres en algún momento son dueños de su destino:
El problema, querido Brutus, no está en nuestras estrellas,
sino en nosotros que permanecemos debajo.

Shakespeare, Antonio y Cleopatra: Cleopatra hablando a sus sirvientas justo antes de dejarse morder por la cobra:

Oigo a Antonio que me llama: lo veo
levantarse para honorar mi noble acto.
Oigo como se ríe de la suerte de Octavio,
la que conceden los dioses a los hombres
como consuelo al finalizar su ira:
marido, estoy en camino:
¡Ahora que mi coraje prueba mi título!
Soy fuego y aire; mis otros elementos
los abandono ahora a una vida más simple.

Programa político para el siglo XXI

Todo el mundo busca una respuesta a la crisis político-económica mundial, y la gente se da cuenta que las antiguas recetas, ya sean comunismo, anarquismo, fascismo, socialismo, liberalismo, conservadurismo o neoliberalismo económico, no pueden dar respuestas al nuevo periodo global en el que ha entrado la humanidad. Con Internet y el avance de la tecnología(aviación comercial) se han diluido las fronteras de los países, pero todavía mantenemos el modelo de estado-nación que surgió en el s.XVIII.

El modelo de estado-nación se ha caracterizado hasta el momento por el expansionismo territorial. Europa conquistó el planeta, y luego surgieron las guerras entre las distintas naciones por su control: Primera Guerra Mundial. La Segunda Guerra Mundial fue tan solo la consecuencia de la permanencia del antiguo modelo expansionista y colonialista. En el estado-nación, el modelo económico se ha caracterizado por un crecimiento exponencial desde la revolución industrial. Este crecimiento exponencial se ha podido mantener relativamente estable hasta la actualidad gracias a la expansión territorial. La economía depende de los recursos y la materia prima, y solo puede crecer si aumentamos los recursos y la materia prima(nuevos territorios). Este modelo de permanente crecimiento de la economía, necesitaba también por su parte del permanente crecimiento de la cantidad de dinero en circulación. Aquí es donde ha entrado el rol de la banca en el modelo. Bajo el estado-nación y colonialismo, se ha mantenido siempre una estrecha relación entre la banca y el estado. La banca hacía un favor al estado financiando las guerras coloniales, y el estado por su parte realizaba un favor a la banca con una legislación que permitiese la expansión monetaria(crédito) y protegía a los bancos en caso de fallida múltiple mediante el Banco Central del estado-nación concreto.

¿Pero qué sucede cuando todos los recursos disponibles del globo terráqueo ya se encuentran en la economía industrializada? Sucede que el modelo expansionista es incapaz de seguir funcionando. Pero llevamos la inercia con una legislación que fomenta la espansión exponencial del dinero en base a los créditos, y unas instituciones bancarias que continúan con los privilegios de la era colonial y expansionista. ¿Y a qué se debe la crisis actual? Pues nada más y nada menos que al agotamiento del modelo estado-nación que hemos conocido hasta la actualidad.

En épocas de crisis como la actual, salen muchos líderes con carisma que son capaces de encandilar al público con promesas agradables pero que no son viables, como por ejemplo una renta permanente solo por el hecho de ser ciudadano. Hay que enseñar a pescar, no dar peces.

La educación es parte fundamental del estado-nación. Con una educación controlada rígidamente por las instituciones del estado, evidentemente que no se va a poder cambiar el modelo de estado, porque todo el mundo sabe que hay muchos intereses en juego. Los estados-nación han explicado siempre la historia a la manera que les interesaba para justificar su existencia(la historia la escriben siempre los ganadores). El conjunto de la educación está creada para salvaguardar los intereses del estado y de los grupos de poder que hay a su alrededor. El primer paso que hay que realizar para cambiar el modelo de estado es permitir la libertad en los centros educativos, descentralizar la educación. Permitir que las escuelas, institutos de secundaria, y universidades, puedan elegir ellas su modelo sin injerencias del estado, y los padres o los alumnos puedan decidir cuál va a ser la mejor educación para ellos.

En momentos de crisis como el actual, lo que precisamente se necesita es fomentar la creatividad y la imaginación, la materia prima de los grandes inventores, descubridores, y pensadores. Esta parte de la educación que es negada sistemáticamente por los centros educativos de nuestro querido estado-nación.

Puedes firmar en este enlace para que se regulen en España los centros de educación alternativa: http://www.change.org/es/peticiones/gobierno-de-espa%C3%B1a-que-las-escuelas-de-modalidad-libres-sean-incluidas-en-el-modelo-estatal-de-educaci%C3%B3n

En este video nos explican en qué consiste el método Waldorf:

Y en este documental recibimos las opiniones de varios profesionales que exigen un cambio en el modelo educativo:

No necesariamente tenemos que estar de acuerdo con estos métodos de aprendizaje. Lo que aquí se defiende es el principio de libertad para poder elegir, que también incluye el respeto a que existan escuelas católicas, islámicas o judías.

¿Por qué cambian los títulos?

Todos sabemos que muchos libros y películas tienen distintos títulos al traducirlos del inglés al castellano. ¿Por qué sucede esto? ¿Tan diferentes son las culturas, los pueblos, que hay que cambiar el eslogan, la frase visible que nos informa sobre el contenido de la obra? Un título es algo especial, es el resumen del resumen. Da información sobre lo que nos encontraremos, al mismo tiempo que se busca el efecto impactante para captar la atención del público. El público, esta masa amorfa de gente que para las grandes editoriales o productoras solo significa una cosa: dinero. El título de una obra es parte de la obra, y cambiarlo porque alguien en el gabinete de una editorial piense que así llegará mejor al público local, sencillamente es una falta de respeto a las personas que han intervenido en la creación de dicha obra. Voy a poner el ejemplo de un libro de Charles Bukowski; El Sur de ningún Norte. No, no hagáis el esfuerzo de buscar este título en google, porque no lo vais a encontrar. Aunque si buscáis South of no North sí que lo vais a encontrarY si os cuesta leer en inglés, tendréis que buscar en google: Se busca una mujer.

De aquí llegamos a la conclusión que los editores españoles tienen un concepto sobre su público como un poco más simple y primitivo que los editores americanos. Se busca una mujer es el título de uno de los relatos que nos encontraremos en El Sur de ningún Norte, junto a perlas de la literatura moderna, metáforas de nuestra sociedad, y demás relatos de los fondos urbanos que Bukowski conocía bien.

Pero también se podría interpretar el cambio de título por la consideración de que el público español tiene problemas para entender las metáforas, así como el juego con los opuestos arriba-abajo, Norte-Sur… Tiran más dos tetas que dos carretas: éste es el mensaje que el público español está preparado para consumir, según la editorial.

Podría poner ahora el ejemplo del libro que comenté en este post: El hombre en el castillo. Tengo que decir que nunca me atrajo este título, y me costaba entender su significado. Y el otro día me encontré con la sorpresa de que el título original es: El hombre en el castillo elevado. Entonces todas mis dudas se desvanecieron al instante, y comprendí la totalidad de la obra. Otra vez, las editoriales españolas creyeron que el público español solo sabe arrastrarse por el suelo incapaz de ver las alturas, lo que nos lleva a la inevitable conclusión de que el mundo editorial simplemente navega en el Sur de ningún Norte.

Y si queréis encontrar el Norte entre el meollo cultural de la actualidad, leed el relato Cristo sobre ruedas del libro Se busca una mujer. Yo no lo publico aquí porque me crujen a demandas judiciales sobre derechos de autor aunque el pobre Bukowski esté ya fiambre, porque esto sí que lo saben hacer las editoriales: criticar la difusión del arte, Internet, y las nuevas tecnologías…

 

 

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